Racismo en el mercatino o como visibilizar lo invisible

Mercatino

Mercatino di Natale, Piazza Fiera, Trento, 2016

Pocas cosas hay más típicas -y más reconfortantes- en Trento durante el invierno que un encuentro con los amigos en i mercatini di Natale con la excusa de beber un vin brulé, comer castañas asadas o polenta con funghi mientras se te congelan los pies. Un evento turístico de primer orden a nivel nacional que consigue que turistas y vecinos compartan espacios públicos durante unas semanas. El mercatino ha sido noticias estos últimos por un “episodio de racismo”, como lo define la prensa local, en el que una persona fue increpada hasta hacerle abandonar la plaza por el simple hecho del color de su piel.

Las respuestas políticas no se hicieron esperar. Roberto Stanchina, Partido Autonomista Trentino Tirolés, afirmaba que “situaciones como ésta no pueden ocurrir en Trento y no podemos aceptarla […] Estamos ante un clima de exasperación creado a nivel nacional que está llegando al territorio […] Hay que rebajar esta situación de odio y superficialidad”. El Movimento 5 Stelle, en palabras de Andrea Maschio, apuntaba a la “deriva violenta” de la sociedad al tiempo que a “un panorama, cada vez más, vergonzante y preocupante incluso en nuestro territorio”. Mientras que, Elda Verones, directora del ente de promoción turística regional, aseguraba que “estos hechos no deberían suceder” a la vez que parecía excusar al supuesto racista (“no era su intención ofender ni avergonzar a nadie”).

A la política, se sumó la ciudadanía. Otro joven de color publicó unos días después una carta en prensa afirmando que lo sucedido es “innoble”, pero, al mismo tiempo, “no es tan grave” como otros hechos, cercanos o lejanos, acontecidos en los últimos días. Una historia, en conclusión, que “no merecía más de dos líneas en el periódico”, a juicio de esta persona.

Esta última carta presenta, a mis ojos, un panorama desolador en el que se minimiza un problema de convivencia. La gravedad de otros circunstancias no puede servir como telón de fondo demagógico en el que desdibujar un fenómeno que, a todas luces, se presenta en expansión. “Clima de exasperación”, “situación de odio y superficialidad”, “panorama vergonzante y preocupante” no parecen expresiones inocentes con las que poder caracterizar el contexto en el que una persona fue “humillada”, en palabras de la prensa, por ser diferente. Si bien lo sucedido en el mercadillo no es un hecho aislado, tampoco es la tónica general. ¿Qué está ocurriendo en Trento?

Quizás la mejor manera de aventurar una un esbozo de la situación sea empezar desde la política nacional. Es sabido el giro político respecto a los extranjeros, los migrantes y los refugiados que ha tomado Italia desde que la Lega, en coalición con 5 Stelle, gobiernan el país. Como muestra queda en el recuerdo la negativa italiana a prestar auxilio y acoger a los 629 migrantes rescatados en el Mediterráneo por el barco Aquarius. Más recientemente, el gobierno de Salvini se ha desmarcado de la firma en Marrakech del acuerdo Global Compact, propuesto por Naciones Unidas, que pretende, entre otras cuestiones, reducir la vulnerabilidad y el riesgo que afrontan las personas en las diferentes fases de la migración. Mientras tanto, el último informe de Amnistía Internacional, “La situación de los derechos humanos en el mundo. 2018 y perspectivas para 2019”, define la gestión italiana del fenómeno migratorio como “represiva” y considera que la nueva política en seguridad “erosiona gravemente los derechos humanos de los solicitantes de asilo” en un duro informe contra la “línea dura” que plantea el gobierno de Salvini.

En la provincia de Trentino la situación no es diferente. Tras las pasadas elecciones provinciales de octubre, la Lega obtuvo un 27,07% del total de los votos, dicho de otra manera, una de cuatro personas con derecho a voto optaron por, como hemos visto, una política “represiva”. Significativa fue una de las primeras decisiones políticas, el cierre de la Residenza Fersina, que supuso dejar en la calle a cuarenta refugiados, pero que se encuentra en línea con las propuestas de impedir la asistencia a cursos de italiano y/o cultura italiana, de orientación laboral o una mera asistencia psicológica. Al mismo tiempo, el gobierno regional invita a la instalación de pesebres en todos los edificios públicos para festejar la navidad y se plantea la ubicación de seguridad privada armada en las iglesias para proteger el culto cristiano. (¿Para proteger de quien?).

Paseando por los alrededores de mi barrio, Centochiavi y Solteri, es frecuente encontrar pegatinas del grupo fascista Casa Pound, un grupúsculo minoritario que comparte lema con la Lega, “los italianos primeros”, y que considera la emigración como un “programa de sustitución planificada de la población italiana”. Quizás sean ellos, Casa Pound, los responsables de otras pegatinas que piden el final de la islamización. En cualquier caso, no se trata de cuántas pegatinas o cuántas personas de cierta ideología estén presentes o no en la ciudad, sino de cómo ese mensaje cala en el imaginario urbano y afecta en y al quehacer de las personas en su vida cotidiana.

Al hablar de imaginarios los científicos sociales suelen hacer referencia a un cierto conocimiento tácito, por tanto no explícito, invisible, que organiza la vida de las personas. En palabras de Cornelius Castoriadis sería un “magma de significaciones imaginarias sociales” (1975), un magma que, según Olivier Fressard , “regula el decir y orienta la acción des los miembros de esa sociedad, en la que determina tanto las maneras de sentir y desear como las maneras de pensar” (2006). La importancia de estas significaciones es que no son naturales, no están ahí, sino que son construidas socialmente, esto es, son re-construidas, constantemente, en situaciones espacio-temporales concretas.

En un juego de intercambios recíprocos, es fácil percibir como individuos e instituciones políticas, o viceversa, comparten un mensaje -resumido bajo la fórmula “los italianos primero”- con el que organizar no solo sus vidas, sus universos de cotidianidad, sino la re-representación de la otredad, del otro, del extranjero. Esta tesis, aunque bastante explícita a nivel político, sigue siendo implícita en las calles… hasta que un hecho, una ofensa en un mercadillo, la activa. Quien sabe si pudiera tener razón el autor de la tan innoble carta que calificaba “el episodio racista” como un suceso “no tan grave” y este circunstancia fuera tan solo un hecho aislado. Pero lo expuesto hasta el momento hace presagiar lo contrario, pareciera que lo invisible se vuelve visible.

Bibliografía

Castoriadis, Cornelius; La institución imaginaria de la sociedad; 1975
Fressard, Olivier; El imaginario social o la potencia de inventar de los pueblos; Edición digital de la Fundación Andreu Nin, agosto 2006

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